martes, 11 de febrero de 2014

Capítulo 33

Mis ojos brillaron al verlo de nuevo: sus ojos marrón oscuro, su cabello rubio, su sonrisa... todo en él era perfecto. No había olvidado la última vez en la que habíamos hablado, cuando sus últimas palabras dirigidas hacía mí habían sido aquel "te amo" que por un lado parecía ser real; pero no había caído en aquella fuerte debilidad, ni siquiera sabía por qué.

—Pasó mucho tiempo. — logré decir.

—No lo menciones, no sabía que todavía vivías en Miami.

—Jamás me fuí.

Fingí una sonrisa falsa.

—Tenemos que ponernos al día ¿vamos a un bar? — preguntó dando la impresión de que no quería estar en el restaurante.

Asentí sonriendo de nuevo, pero no lograba creer lo que estaba sucediendo. En ese momento, estaba en un estado de shock del cual no lograba reaccionar, no creía que la persona a la cual yo había amado durante los antiguos años estuviese frente a mí.

Era difícil de creer.


...


—Entonces, trabajas en un restaurante, te faltan dos años para graduarte de la universidad y... —tragó saliva con un rostro hundido en tristeza   lamento tu pérdida, Faith.

—No hay problema. Todavía no logro aceptarlo, es decir, fue muy repentino. Hay veces en dónde me siento sola, este último año fue realmente doloroso pero creo que... — no pude evitar llorar. 

No había llorado desde que me había enterado de la muerte de mis padres; un año sin llorar había sido extraño pero tampoco quería que nadie sintiese lástima o algo por el estilo.

—A veces las cosas ocurren por algo. — dijo él abrazándome. 

—Pero ¿por qué?

Me observó sin saber que decirme por unos minutos, pero luego volvió a hablar.

—Me siento culpable por dejarte sola en todo esto. Jamás tendría que haberlo hecho, cuando estábamos juntos notaba que siempre estabas triste y...

—Pero siempre tenías algo positivo para decirme, me hacías sentir... bien.

Ross sonrió.

—Entonces... — dije tratando de cambiar de tema. —... ¿qué fue de tu vida este último tiempo?

—No quiero hablar de mí ¿de acuerdo? quiero que retomemos el tiempo perdido y salgamos como en los viejos tiempos.

Me ofreció salir a caminar a la playa, por lo tanto, acepté. 

Al llegar, sentí un nudo en la garganta por que allí estaban: Rydel, Riker, Ratliff, Rocky, Ryland... aquellas personas que habían sido tan importantes en alguna época de mi vida. Que la habían cambiado por completo, me hacían sentir mejor con cada palabra o acción; parecían irreales.

Todos se disculparon por no habernos comunicado, pero luego de eso, comenzamos a hablar y no tardamos en hacer chistes y reír.

Reír... últimamente me había hecho falta.

—...cuando estábamos a punto de salir al escenario, Riker tenía el pelo de color verde porque sin querer se había mojado con agua con ¿cloro, verdad? — le preguntó Rydel a Riker mientras reía.

Riker asintió. 

—Pero lo solucioné usando un beanie, es decir, se notaba un poco en la frente pero las luces lo disimularon un poco.

Todos reímos.

Ratliff no tardó en hacer otro chiste y Rocky lo siguió.

—Hace mucho no me reía tanto como lo hice hoy, gracias chicos. 

—Cariño, nos hiciste falta todo este tiempo, tu carisma, tu alegría, creo que nadie puede reemplazarte. — respondió Rydel con dulzura.

Los demás asintieron con una sonrisa.

La simpatía de Rydel, la gracia de Ratliff y Rocky, el optimismo de Riker, la risa de Ryland ¿por qué los había olvidado?

Era la única cosa que me hacía sentir egocéntrica, porque había alguien a quien no había olvidado.

—¿Te sientes bien? — preguntó aquel con su mano en mi hombro y una sonrisa dibujada en su rostro.

—Estoy bien, Ross. — respondí mientras los demás se alejaban dejándonos a ambos sentados en la arena. 

La brisa cálida nos pegaba en la frente, cuando nuestra mirada decía una sola cosa.