domingo, 9 de marzo de 2014

Capítulo 34 (final)

La sensación de sentir la húmeda arena rosando y tocando mis pies me hacía sentir libre en una manera épica, gloriosa, legendaria... pero luego, mis tobillos tocaron el agua del mar: mis problemas e inquietudes abandonaban mi mente y se fugaban junto con las pequeñas olas que se iban al ritmo acelerado de la marea.

—¿Quieres ir a nadar? — preguntó rompiendo el hielo.

Asentí sonriendo.

—Hace mucho no nado en el mar — me defendí —así que es mejor que no te burles.

—No voy a burlarme — dijo bromeando.

La altura del agua llegó a mis rodillas, y luego avanzó hasta mi cintura: estaba helada; pero no sentí ningún escalofrío, ni tampoco un temblor. En mi mente, el agua estaba cálida, y continué con ese pensamiento hasta que una ola logró llegar hasta mi pecho.

Comencé a mover mis brazos, sin dejar de mirarlo, procurando que no se burlara.

Y luego rió.


—Te dije que no te burlaras. — me quejé.

—No me estoy burlando, pensé que habías dicho que no sabías nadar.

Dejé de movilizarme y en un parpadeo, la marea me mojó el cabello dejándolo completamente empapado.

—Tenías razón. — volvió a decir. 

Me contagié de su risa y ambos nos acercamos mientras una ligera brisa nos golpeaba el rostro y provocaba que sintiéramos un poco de frío.

—Ahora el agua esta helada. — 

—Digo lo mismo. — no pude evitar que mis dientes chocasen entre sí y soltaran un leve sonido.

Sin decir nada más, sus brazos me rodearon y me acerqué un poco más a él, sintiendo su calidez y aroma. El mismo bajó su vista hacia mis ojos y los observó caudalosamente.
Sus ojos casi negros reflejaban un sentimiento de amor en ese momento, no había nada más que eso. Un segundo después, su mirada bajó a mis labios; se quedaron pausados y luego volvió a fijarse en mis ojos.

—No sé cómo pude pasar este tiempo con tu ausencia. — susurró dulcemente contra mi oído.

Su voz tierna e comprensible nunca había dejado de cautivarme. Sinceramente, tampoco sabía cómo había vivido sin él, no creía en el destino pero era algo mágico que nos hubiera unido más de dos veces.
Cuando tuve la suerte de conocerlo, en aquel día del concierto, creí que sólo era una persona más en el mundo; sin embargo, estaba demasiado equivocada. Era él con quien debería estar para siempre.


—Yo tampoco. — respondí bajo.

Y no pude evitarlo una vez que su boca estaba totalmente pegada a mi cuello. Giré mi rostro hacía él y pude volver a ver sus ojos. Uní mis manos en su cuello y me entregué a las comisuras de sus labios; los mismos se movían a un ritmo lento y tierno. Me apegué aún más a su cuerpo y volví a dejar que el pasado se fuese con las olas del mar. 

En aquel momento, comenzamos a caminar lento hacia atrás y sin notarlo, tropecé con una ostra y ambos caímos en la arena. Abrió sus ojos, y yo los míos, para reír de mi error. Pero allí estaba: él sobre mi cuerpo besándome nuevamente. 

Enredé mis brazos en su nuca y continué el juego. Mordía su labio inferior con delicadeza: eran tan suaves, tan dulces. Luego, sus manos fueron a mi cintura y su boca fue de nuevo a mi cuello, el cual besó un par de segundos, que hubiese deseado que fueran eternos. Y luego prosiguió...




El sol había salido hace ya una hora; Ross seguía durmiendo sobre mi pecho. No me atrevía a despertarlo ya que se veía muy tierno durmiendo. Le dí un corto beso en su mejilla y me levanté cuidadosamente para dirigirme a la orilla.

Las olas eran salvajes, fuertes, y se notaba porque golpeaban con dureza mis pies. 

No hacía calor, pero tampoco hacía frío. Noté que dos manos me abrazaban abrigándome con un saco de lana. 

—¿Te despertaste hace mucho? — preguntó esa voz.

—Hace un par de minutos. — sospeché que yo misma lo había despertado cuando me escapé de su cuerpo sobre el mío.

—¿Qué va a ser de nosotros ahora? —sus ojos me sonrieron mientras acariciaba mi húmedo cabello.

Tomé su mano y le di unas palmadas en forma de cariño, luego la besé: suave y cálida. 

—Que esta moneda nos lo diga. —respondí mientras sacaba una moneda de mi bolsillo.



Sonrió.

—Cara. — elegí sin pensarlo.

—Cara. — repitió dulcemente.

Arrojé la moneda a la orilla y al caer, ambos caminamos para observar la respuesta de la moneda.

Nos miramos sabiendo la respuesta, me abrazó y luego me dió un beso en la frente.

—Te amo, Faith. —murmuró contra mis labios.

El color anaranjado cubrió toda la zona del cielo, los pájaros no tardaron en aparecer volando sobre nuestras cabezas, la marea logró tranquilizarse y finalmente...

...nuestras manos se entrelazaron con nuestros dedos.


FIN.

....

Muchas gracias por haber leído esta novela y por haber esperado cada capítulo, a pesar de la tardanza que esta costó. Prometí una dedicación para alguien que comentó SIEMPRE unas palabras de aliento y una curiosa espera por los episodios que tanto demoraron en subirse:

Camila Sosa ¡muchas gracias por tu espera y fieldad! este capítulo esta dedicado a vos.

No sé que más decir, sólo: gracias y keep geting louder people (?)

¡Los quiero! <3

-Lucía.







martes, 11 de febrero de 2014

Capítulo 33

Mis ojos brillaron al verlo de nuevo: sus ojos marrón oscuro, su cabello rubio, su sonrisa... todo en él era perfecto. No había olvidado la última vez en la que habíamos hablado, cuando sus últimas palabras dirigidas hacía mí habían sido aquel "te amo" que por un lado parecía ser real; pero no había caído en aquella fuerte debilidad, ni siquiera sabía por qué.

—Pasó mucho tiempo. — logré decir.

—No lo menciones, no sabía que todavía vivías en Miami.

—Jamás me fuí.

Fingí una sonrisa falsa.

—Tenemos que ponernos al día ¿vamos a un bar? — preguntó dando la impresión de que no quería estar en el restaurante.

Asentí sonriendo de nuevo, pero no lograba creer lo que estaba sucediendo. En ese momento, estaba en un estado de shock del cual no lograba reaccionar, no creía que la persona a la cual yo había amado durante los antiguos años estuviese frente a mí.

Era difícil de creer.


...


—Entonces, trabajas en un restaurante, te faltan dos años para graduarte de la universidad y... —tragó saliva con un rostro hundido en tristeza   lamento tu pérdida, Faith.

—No hay problema. Todavía no logro aceptarlo, es decir, fue muy repentino. Hay veces en dónde me siento sola, este último año fue realmente doloroso pero creo que... — no pude evitar llorar. 

No había llorado desde que me había enterado de la muerte de mis padres; un año sin llorar había sido extraño pero tampoco quería que nadie sintiese lástima o algo por el estilo.

—A veces las cosas ocurren por algo. — dijo él abrazándome. 

—Pero ¿por qué?

Me observó sin saber que decirme por unos minutos, pero luego volvió a hablar.

—Me siento culpable por dejarte sola en todo esto. Jamás tendría que haberlo hecho, cuando estábamos juntos notaba que siempre estabas triste y...

—Pero siempre tenías algo positivo para decirme, me hacías sentir... bien.

Ross sonrió.

—Entonces... — dije tratando de cambiar de tema. —... ¿qué fue de tu vida este último tiempo?

—No quiero hablar de mí ¿de acuerdo? quiero que retomemos el tiempo perdido y salgamos como en los viejos tiempos.

Me ofreció salir a caminar a la playa, por lo tanto, acepté. 

Al llegar, sentí un nudo en la garganta por que allí estaban: Rydel, Riker, Ratliff, Rocky, Ryland... aquellas personas que habían sido tan importantes en alguna época de mi vida. Que la habían cambiado por completo, me hacían sentir mejor con cada palabra o acción; parecían irreales.

Todos se disculparon por no habernos comunicado, pero luego de eso, comenzamos a hablar y no tardamos en hacer chistes y reír.

Reír... últimamente me había hecho falta.

—...cuando estábamos a punto de salir al escenario, Riker tenía el pelo de color verde porque sin querer se había mojado con agua con ¿cloro, verdad? — le preguntó Rydel a Riker mientras reía.

Riker asintió. 

—Pero lo solucioné usando un beanie, es decir, se notaba un poco en la frente pero las luces lo disimularon un poco.

Todos reímos.

Ratliff no tardó en hacer otro chiste y Rocky lo siguió.

—Hace mucho no me reía tanto como lo hice hoy, gracias chicos. 

—Cariño, nos hiciste falta todo este tiempo, tu carisma, tu alegría, creo que nadie puede reemplazarte. — respondió Rydel con dulzura.

Los demás asintieron con una sonrisa.

La simpatía de Rydel, la gracia de Ratliff y Rocky, el optimismo de Riker, la risa de Ryland ¿por qué los había olvidado?

Era la única cosa que me hacía sentir egocéntrica, porque había alguien a quien no había olvidado.

—¿Te sientes bien? — preguntó aquel con su mano en mi hombro y una sonrisa dibujada en su rostro.

—Estoy bien, Ross. — respondí mientras los demás se alejaban dejándonos a ambos sentados en la arena. 

La brisa cálida nos pegaba en la frente, cuando nuestra mirada decía una sola cosa.









miércoles, 29 de enero de 2014

Capítulo 32.

Era otro día de trabajo y la fatiga no hacía nada más ni nada menos que hacer que el estrés se apoderara de mí. El día era poco caluroso pero había una pequeña chispa de calidez. En ese instante salí de mi departamento y recordé el dolor que había sentido al perder a mi familia. No había sentido tristeza ya que hasta ese día seguía sin poder creer lo que había sucedido, era algo poco creíble que un llamado de un desconocido que afirmaba ser un policía me comunicara tal desgracia...

Finalmente había llegado al restaurante y me sorprendí al ver que nadie había llegado. Había sido la primera y en meses eso había ocurrido. En realidad, no estaba sola. Me refregué los ojos al ver que un chico, al cual no le podía ver el rostro, estaba sentado en frente del pequeño bar que se encontraba a la derecha del gran negocio.

-¿Faith?- dijo este al darse vuelta.


No había dormido hacía cuatro días y creía que todo estaba empeorando porque no podía cumplir mis responsabilidades y todo el tema sobre la banda estaba empeorando. Ensayos, grabaciones y la preparación para el tour que día a día se aproximaba; todo aquello se convertía en una pesadilla cuando debería no serlo. 

Había sido un concierto bastante agotador, pero me conmovía ver a las fans sonriendo y llorando porque nos habían visto hacer lo que amábamos, es decir, ellas nos amaban por hacerlo, pero yo no lo estaba disfrutando.

Cuando salimos a la calle, me choqué con una chica y eso me recordó a cómo había conocido a Faith hacía unos años, no podía creer lo rápido que había pasado el tiempo pero me entristecía saber que ya no estaba con ella ni jamás había vuelto a saber que era de su vida. Me despedí de la chica, ya que al parecer era una fan, después de haberme tomado una selfie y firmado un autógrafo, y crucé a un restaurante que se encontraba cruzando la calle. El restaurante parecía estar cerrado pero comprobé si estaba abierto girando la puerta corrediza y ¡estaba abierto! 

Me senté en un pequeño asiento que se encontraba justo en frente del bar en espera del vendedor/a de aquel lugar. Uno muy agradable, buena decoración y gran color, pero no había nadie en el momento.

Finalmente, estaba a punto de levantarme para irme a otro lugar, pero justo en aquel segundo sentí una presencia atrás mío. Me dí vuelta para encontrarme frente a frente con la persona que quizá sería el dueño del lugar, pero me lleve una gran sorpresa al verla.

-¿Faith?- pregunté asombrado.

La chica no contestó en varios segundos, pero casi, casi, su silencio era necesario.

jueves, 9 de enero de 2014

Capítulo 31.

 Creo que algunas cosas deberían cambiar. - dijo suspirando y mirándome atentamente.
- ¿Como qué?
Me guiñó el ojo como forma de respuesta y eso me indicó la respuesta... pero no sabía que significaba exactamente su respuesta. Ni tampoco creía que era preciso saberlo. Divagué con mi mirada y observé el suelo, apartando mi vista de la suya.
El rostro de Mathew me observó decepcionado, como si hubiese querido que algo suceda, pero ese "algo" fue interrumpido por mis caprichos y descarado orgullo.

Se había cumplido un año desde que trabajaba en el restaurante de Mathew, es decir, en el de su familia. Pero no sentía necesidad de trabajar en aquel lugar, apartando mi necesidad económica, no era millonaria y jamás iba a serlo; necesitaba el dinero, el poco salario que aquella familia me otorgaba me hacía de falta, me ayudaba en absolutamente todos mis requerimientos que una persona de mi corta edad podía requerir; pagar el alquiler de mi departamento, entre otras necesidades básicas. Pero no le veía necesidad a trabajar en un lugar dónde realmente me sentía sola, y me sentía inútil al ver que sólo atendía a los clientes y cobraba sus menús... realmente era inútil pero en ocasiones me negaba a aceptarlo.

Cuando se iba aproximando la hora en dónde mi turno terminaba y debía volver a casa, me despedí de Mathew y me retiré hacia la salida.
Existían esos momentos dónde creías ver a una persona que habías visto a alguien, cuando salí por la puerta del restaurante creí tener uno de esos momentos. Levanté la vista, y abrí mis ojos para guiar mi vista hacia un joven que caminaba en la calle frontal.
Parpadeé rápidamente y en dos segundos lo perdí de vista completamente, como si jamás hubiese ocurrido nada...
<Me estoy volviendo loca> pensé. Sólo era un acto de mi imaginación, tenía un leve caso de estrés por trabajar tantas horas y aquella depresión por sentirme sola, sin nadie que me rodee, ni siquiera un ser querido.

Subí las escaleras del edificio dando pasos agigantados y abrí la puerta de mi departamento con tal rapidez, como si alguien me estuviese persiguiendo. Finalmente entré y me recosté en mi cama, cerré los ojos y me dejé llevar por aquel indestructible sueño.



Cambié de página, capítulo 42, página 406, primer párrafo... continué mi lectura con cierto interés en el libro que estaba releyendo, jamás me cansaba de leer aquel capítulo, dónde el protagonista de la novela se arrepentía nuevamente por haber dejado ir aquella oportunidad de ser feliz, de ser feliz con la persona que lo amaba pero los caprichos y el orgullo habían triunfado y no habían hecho más que romper esa fantasía y el sueño de algún día continuar siendo felices como en ese momento.

Había sido él ¿no? él se había ido y me había abandonado, haciéndome creer que él se había olvidado de mí y haber perdido completamente ese sentimiento insignificante pero para mí si era importante. Ella no había sido más que una piedra en el camino, con la cual Ross se tropezó una y otra vez y yo no lo pude rescatar.


Um, ¿maratón? 5 comentarios y MARATÓN, lol. Comenten y como sea voy a escribir varios capítulos y sospecho que van a ser laaaaaaargos.
Muchas gracias y continúen leyendo, y novedaaad: al terminar esta novela voy a empezar otra.