lunes, 9 de septiembre de 2013

Capítulo 3.

--Un gusto.
Era el primer chico que me sonreía, me sentía feliz, era tan... raro.
--¿Qué querés tomar?
--Lo que vos tomes.
El bar man nos sirvió una piña colada. Esa bebida era lo más rico y adictivo que jamás había probado. Creo que habré tomado 5 vasos, sin exagerar.
--Ya vengo.-- Me dijo Michael, que lindo era... fangirleé en mi mente.
Me levanté y fuí directo a la pista de baile cuando algo me hizo enojar, y mucho.
Un chico mucho más mayor que yo me toco el trasero.
--¿Qué te pasa? sos un desubicado.
--No lo soy, muñeca. -- Me agarro de la cintura. 
Quise zafarme pero era inútil.
--No me digas así si no querés salir lastimado.
Escuché risas, eso por ahí había sonado algo ridículo, es verdad. Los demás sólo miraban y algunos estaban borrachos, así que no se enteraban de lo que sucedía.
Me quiso seguir tocando, besar mi cuello, había tomado demasiado, en realidad, ambos. Llegué hasta sentirlo placentero. Estaba loca. 
De repente, cuatro chicos entraron por la puerta.
Uno de ellos, lo reconocí... era de cabello castaño y lo tenía un poco largo.
Era un integrante de R5. Busqué a Julieta con la mirada pero al parecer estaba besándose con un chico.
--Déjala. -- Dijo el mismo en nuestro idioma.
No podía creer que se había dado cuenta de que me estaba maltratando.
El borracho me soltó, pero quiso pegarle. De inmediato se aproximaron tres muchachos más y formaron un círculo con él en el medio.
Este salió corriendo y salió por la puerta.
--Gracias. -- les dije. 
No sabía si me entendían pero quizá valía la pena intentarlo.
--No es nada, beauté.
Esa palabra me trajo un deja vú y sólo reí.
Nos mirábamos muy de cerca, tenía que admitir que quizá esa banda no era lo que pensaba y que sentía una atracción hacia ese chico, o sólo... había tomado de más.
--¿Cómo te llamas? pregunté intrigada.
--Rocky... Rocky Lynch. 
--Lindo nombre.-- Miré sus labios, eran...
--¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! -- gritó Julieta.
En ese momento, todos los chicos y chicas la miraron. Ella ni siquiera se ruborizó.
--¡CHICOS! DIOS, LOS AMO, LOS ADORO CON TODA MI VIDA.
Ellos sonrieron y la saludaron con un abrazo. Parecía que esos abrazos eran eternos.
Salí.
Estaba feliz por Julieta, pero tenía que admitir que me había dejado sorda con sus gritos. De repente recordé... el chico rubio con el que me había cruzado ¡Michael!
Corrí hacia el boliche pero al parecer ya se había ido, no estaba en ninguna parte, pero...
Ví una cabellera rubia ¡ERA ÉL!
Le toqué la espalda, wow, al parecer había hecho mucho ejercicio. 
--Disculpa que me fuí, pensaba que el que se había ido eras vos.-- dije.
Se dio vuelta pero ese rubio no era Michael.
--¿Disculpa?
Lo miré directamente a los ojos. 
Oscuros.
Profundos.
Casi negros.
Me inundé en su mirada y me ruboricé.
--Perdón.
Salí corriendo hacia afuera, no sabía si reírme o... ¿reírme? 
El alcohol me había llegado hasta arriba, estaba muy mal.
Comencé a reírme más y las personas que pasaban me miraban extraño, yo solo les sonreía.
Jamás me había sentido con más vida, era como si al mirar sus ojos me renové. Eran perfectos.
Estaba apoyada sobre la puerta y alguien la empujó. 
Caí al suelo.





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