jueves, 24 de octubre de 2013

Capítulo 12: No quiero que cambies.

Tragué ese "Aw" en mi interior, no podía creer que sea tan tierno. Era mi amigo pero en un instante pensé que el día que el tuviese novia, sería muy afortunada.
--¿Vives aquí, verdad?
--Exacto.
--Genial, la vez que quiera visitarte vendré aquí mismo.
--Cuando quieras, bebé.-- reí.
¿Porque lo llamé "bebé"? fue raro.
--"Bebé" suena cool cuando lo digo yo.
--Miénteme que me encanta. 
--Todo lo que quieras...
--Basta ya, tengo que entrar.
--De acuerdo, adiós.
--Adiós, Ross.
Bajé del auto sonriendo. Ross me hizo olvidar todo el dolor de mi interior, ya no sentía nada.
Guardé el vestido en mi armario. Mañana sería un GRAN día... para mi hermana.
Saludé a mi papá y a mi mamá, cené con ellos y les dije que volvería al colegio. Me sentía mucho mejor.
Se alegraron al escuchar la noticia. Pero me imaginaba más emoción de parte de ellos.
Mi relación con mis padres la estaba arruinando el trabajo, estaban todo el tiempo fuera de casa. Apenas podíamos charlar de vez en cuando.
Entré a mi habitación, me dolía mucho la panza. Me recosté en mi cama y observé el techo, por primera vez en mi vida no tenía sueño, no estaba cansada.
Estaba por cerrar los ojos cuando me levanté y prendí mi computadora para preguntarle a mi amiga todo lo que había ocurrido en las semanas que no fui a la escuela.
Me dijo que Ashley encontró un nuevo chico al cual engañar, es decir "novio". Y que una de mis amigas vomitó un día de clases. 
No había ocurrido mucho, es decir, mi amiga siempre se sentía mal y Ashley cambiaba de novio como de calzones.
Me despedí y ahí sí entré en un profundo y agradable sueño...

Estaba en una capilla con un vestido blanco y largo. Sonaban campanas y música que provenía del piano.
Un chico con un traje negro y un adorno de una rosa roja se acercaba a mí.
Había mucha gente sentada en los asientos de la Iglesia y cuando ese chico que no se le veía el rostro me besó, todos aplaudieron.

Desperté y eran las 9 AM. Hace mucho no soñaba, y la última vez que soñé, fue algo muy desagradable. Eso fue... tierno.
Mi mamá entró a mi habitación y me dijo que me cambié porque la boda era a las dos de la tarde y en un rato debíamos salir.
Me puse el vestido blanco con unos zapatos no muy altos. Traté de no excedirme de maquillaje y me planché el pelo e hice un peinado.
Cuando sentí que tocaron la puerta, mi papá me dijo que era para mí.
Me imaginé quien era, seguro una amiga mía que estaba invitada a la boda.
--Hola. --me miró de arriba a abajo y su cara se tornó tierna.
--¿Ross? ¿que haces aquí?
--Quise traerte algo que te olvidaste anoche.
Me acercó una rosa negra y al instante recordé que me la había dado el día anterior.
--Jamás te expliqué porque la rosa es negra.
--¿Porqué?-- pregunté intrigada.
--Porque sé que no te gustan las cosas comunes.
Me dió un beso en la mejilla y se alejó lentamente entrando a su auto.
¿Ese era Ross? 
Estaba raro, actuaba raro. El día anterior todo había sido charla y diversión y hoy estaba tierno y romántico. Él era mi amigo, no quería que eso cambie.

--¿Quien era ese chico?-- preguntó mi papá.
--Un amigo, es decir, es mi mejor amigo a partir de ahora.-- fuí a mi habitación con una sonrisa.

Faltaba poco, era casi hora de que mi hermana entrara al altar.
Todo estaba decorado tan lindo...
Las rosas eran rosas, de un color muy claro, como mi hermana me había pedido que las elijera.
Los bancos de la iglesia estaban decorados con telas blancas y en las puntas habían rosas rosas también.
El novio de mi hermana estaba esperándola con nervios, se notaba en su rostro.
En un instante, la música comenzó a sonar y Anabell entró con su hermoso vestido largo y blanco.
Mi mamá comenzó a llorar y la miré con cara rara.
Todo ocurrió tan rápido que parecieron solamente minutos.

Al llegar a la casa de ahora, el matrimonio, pusieron música y sirvieron la comida. La casa estaba llena de gente. Jamás pensé que ellos conocieran a tanta. Desgraciadamente yo estaba sola porque a mi amiga que iba a venir se enfermó de una terrible gripe.
En instantes, me llegó un mensaje de Ross diciendo que se aburría.
"Yo también. Estoy en la casa de mi hermana ahora ¿dónde estas vos?" le contesté.
En unos diez minutos tocaron el timbre. Al estar yo más cerca de la puerta abrí.
--¿Cómo sabías dónde vive mi hermana?
--Antes salía con ella...
--¿Que?
--Era broma. Supuse que era esta por los adornos y porque me dijiste que estaba a dos cuadras de la tuya. ¿Te parece si caminamos?
--De acuerdo.
Le avisé a los demás y fuí con él.
--¿Cómo la pasaste?
--Demasiado aburrido pero fue lindo, eso creo.
--Las bodas me hacen llorar.
--¿Enserio, Ross?
Asintió con su cabeza y yo lo miré con ternura.
--Bebé... 
Lo interrumpí.
--No me llames así, Ross. No somos novios o algo así.
--Lo sé pero me gusta ese apodo.
Lo fulminé con la mirada.
--De acuerdo, ¿que decías?
--Tengo que decirte algo.
--¿Que?
--Tengo que volver a Estados Unidos.
--¿Cuando?
--En dos días... no quiero volver a separarme de ti.
--Pero, la pase muy bien el tiempo que estuvimos juntos. Eres mi mejor amigo, Ross. 
No quiero que te vayas.
--Yo creo que no eres mi mejor amiga.
--¿Porque?
--Eres... mucho...
--¡NENE MALO! --dijo el hombre araña del tren de la alegría.
Me salvó el tren.
Lo abracé e incluso dejé escapar unas lágrimas.
--No llores, bebé. --rió.
--No quiero que te vayas. Nunca nadie me entendió tanto como tu lo haces, Ross.
--No me gustan las despedidas así que hagamos que estos dos días sean los mejores ¿de acuerdo?
--De acuerdo.
Le dí otro abrazo y flexioné mis brazos fuertes a los de él. No quería que eso terminara.

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