--Realmente no puedo creer que pienses eso de mí, Ross.
--Es así, lo pienso y es mucho más que eso ¿qué dices?
--Sí, Ross. Pienso exactamente lo mismo que tú.
Me observó con sus ojos brillosos y una gran sonrisa en su rostro, según su actitud sospeché que no lograba creer mi respuesta, pero al instante le hice entender que era eso lo que quería.
Lo abracé y al mismo tiempo le dí un corto beso y luego él me dio otro mucho más largo.
Me alejé de él pero al cabo de unos minutos se acercó a mi oído y me dijo:
--Te amo.
Le contesté con un abrazo.
19 años y nada productivo además de estudiar pero todo me parecía complicado y a veces sentía ganas de abandonar todo y estar solamente con Ross o... dedicarme a otra cosa.
Si quería cumplir un sueño era formar parte del espectáculo pero como no era buena cantante, quería dedicarme a ser actriz, de todas formas, sabía lo difícil que era llegar a serlo pero ¿podría intentarlo, no?
La próxima semana me visitarían mis familiares para conocer mi nuevo hogar, además me habían dicho que tenían una sorpresa para mí. Nada podía sorprenderme en ese entonces, me sentía distinta desde la llegada a Miami. Todo era a la vez extraño con las raras visitas de mi vecino a mi casa, quería investigar si era realmente un fantasma, jamás había creído en apariciones paranormales pero eso me hacía creer raramente.
¿Para qué lo mencioné? esa tarde ocurrió... otra vez.
Estaba sentada en mi cama, estaba exhausta, había leído todos los resúmenes del examen que tenía en dos semanas, no entendía nada, era uno de los últimos exámenes para terminar el año pero...
¡NO! -- dijo mi interior.
No era lo que yo quería.
Tiré todos los libros al suelo y me acosté a mi cama a llorar.
Era una inútil.
Nada era para mí.
Nada podía identificarme.
Sentí una mano acariciar mi frente suavemente, casi como si no estuviera allí. Levanté la vista con miedo pero... no había nadie.
Salí corriendo de mi habitación y resbalé con algo al estar casi en contacto con la escalera.
Miré el suelo y era una sustancia roja ¿sangre?
--Una vez que llegas hasta aquí, ya no puedes escapar.-- dijo una voz.
Miré para todos lados con los ojos llorosos y una total actitud de miedo, no había nadie... ¿Qué rayos estaba ocurriendo? ¿porqué en ese momento? ¿nadie podía dejarme en paz?
Tenía que salir de ahí.
Corrí hasta la puerta de salida pero estaba cerrada con llave, la llave no estaba en el lugar dónde antiguamente la había dejado.
Tomé mi celular con todo el apuro del mundo y misteriosamente se habían borrado los contactos, menos dos...
Tom y ¿Riker?
No recordaba haber agendado el celular de Riker ¡y menos el de Tom! eso era muy extraño, estaba muy asustada. Ese chico escondía algo y no era sólo perseguirme, era hacer algo malo, lo presentía.
Riker era la única opción que me quedaba...
--RIKER.
--Hola ¿cómo sabes mi número de celular?
--Eso no importa ahora. ¡Necesito tu ayuda!
--¿Qué ocurre?
--Estoy en mi casa y no puedo salir, necesito que vengas lo más rápido po...--
Se cortó la llamada y mi celular se apagó como por arte de magia.
No sabía dónde ocultarme, era todo tan extraño...
De repente mis sollozos pararon y en toda la sala se transformó en un gran silencio, pero no duró mucho.
En las escaleras parecía como si alguien las estuviera bajando, se oían pasos pero no había nadie.
En segundos escuché a Riker golpeando la puerta, no estaba solo, estaban sus hermanos y Ratliff.
Riker intentó abrir la puerta y esta se abrió de golpe cuando yo lo había intentado mil veces.
Ross fue el primero en entrar y corrió a abrazarme.
--¿Estas bien?
--Sí, estoy bien. Gracias por venir, chicos.
--No fue nada.--contestó Riker. -- ¿Qué fue lo que ocurrió?
--Fue todo extraño, era como si un fantasma ocupara la casa.
--¿La casa está embrujada?--preguntó Ryland.
--No la asustes.--le dijo Rocky.
--No es nada, no lo sé.
--Deberíamos llamar a algún profesional.-- sugirió Ratliff.
--Los fantasmas no existen, chicos.
--Yo no me lo creería mucho, Ross. Ví muchos de esos programas de fantasmas y...
--No, no existen.--dije en general.
Al pronunciar la última palabra un cuadro cayó por las escaleras.
--Vivir en esta casa es todo un desafío, bebé.
Asentí.
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